De la incomprensión a la armonía

Esta labor nació por el amor a Padre, un gato feral blanco y viejito que vigilaba todo desde su columna con mucha ternura, y a Tía, una gata atigrada que llegó buscando alimento. Pronto se unieron más adultos: Búho, Peseta y Tshitsu, machos de naturaleza libre que iban y venían, pero que encontraron en mí su refugio.

Cuando la población creció con las primeras camadas, llegaron los desafíos. Al principio, la falta de información generó tensión con los vecinos; me prohibieron alimentar a los gatos dentro de la urbanización, lo que me obligó a trasladarlos a un descampado.

Desbordada por la situación, busqué ayuda en internet. Una primera asociación me enseñó la importancia vital de la esterilización y así fue como empecé a aplicar el método CER. Sin embargo, apenas estábamos empezando —solo habíamos logrado castrar a Tía y a Búho— cuando la hostilidad en la urbanización se volvió insostenible. Me cerraron radicalmente el acceso al descampado donde, junto a la asociación, habíamos dejado garrafas de agua y pienso para no tener que entrar tan a menudo. Al impedirnos el paso, los animales pasaron tres semanas sin comer; una situación muy dura que, por suerte, logramos solucionar.

La solución definitiva llegó gracias a una segunda protectora. Ellos me ofrecieron la respuesta que tanto necesitaba: trasladar la colonia por completo fuera del recinto privado hacia un terreno público autorizado que estaba justo al lado. Allí fue donde, finalmente, pude asumir el control total, capturarlos y castrarlos.

Hoy mi colonia está por fin protegida y castrada; tienen sus casitas, agua y pienso todos los días fuera del recinto privado. Sé que siempre habrá personas a las que no les gusten los gatos, pero mantener la colonia bien gestionada demuestra que la convivencia armoniosa entre vecinos y animales es totalmente posible.

Esa armonía y bienestar los veo reflejados en Padre. Es increíble ver cómo cambia según el tiempo: los días soleados disfruta de su libertad y va y viene a su antojo, pero en cuanto empieza a llover, corre puntual a refugiarse en una de mis casetas. Ver que se siente tan seguro me confirma que todo el esfuerzo ha valido la pena.

Colaboradora de Gatos Triana
Gestora de colonia felina · Sevilla

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